viernes, 29 de noviembre de 2013

Yo, la vida y tú


(3 de noviembre)


Han pasado minutos que van juntando horas desde que te conocí y no he podido sacarte de mi mente, estabas rodeada de gente pero a tu alrededor todo era borroso. el beso que me diste, el que se da por educación, se quedó impreso en mi mejilla como un tatuaje invisible. Hablabas sin parar de cosas interesantes, pero perdía el hilo si sonreías. Y los momentos en que el silencio era el único sonido, como cuando se hace esa pausa que repone el aliento después de reír mucho, tu mirada verde me atrapaba, lo notaste, sonreíste, sé que lo notaste.


Han pasado horas que van juntando días y sigues colándote en mis pensamientos. Ayer te vi y en tu mano derecha llevabas algo que hizo que me doliera el estómago. Tu mano iba entrelazada con la de otra chica, saludaste alegremente y me presentaste a "la dueña de tu corazón", eso dijiste. Aún así planeo robarlo.

Pasan días que van juntando semanas y tu corazón sigue ocupado. El mundo no se detiene a esperar por nadie, sin embargo yo si lo haré por ti. Te espero y dejo que el mundo siga sin mi porque sé que contigo el mundo será mucho mejor.

Pasan semanas que van juntando meses, ahora somos buenas amigas y has llorado en mi hombro las veces que te hacen daño. Nos vemos en ocasiones, hemos compartido algunas copas y hoy despertamos sin saber cómo en el portal de mi casa, sin zapatillas, y la llave estaba en el suelo demostrando nuestro vano intento de encontrar la cerradura, que curioso, igual que yo intentando abrirme paso hasta tu corazón. No paramos de reír al despertarnos y sobretodo al ver mis zapatillas cubiertas de barro, una de las tuyas nunca apareció y tuviste que subir al taxi descalza al irte a tu casa. Seguiste riendo desde dentro del taxi mientras intentabas despedirte. Te amé. Con tus pies descalzos llenos de barro, el maquillaje corrido y el desastre que era tu cabello. Juro que te amé. Aún no aprendes a verme pero sé que un día notarás q estoy ahí, que siempre he estado ahí, queriéndote calladita.

Han pasado meses que van juntando años y desde hace un par de ellos me despierto junto a ti cada mañana. Supongo que hubo un momento en que tuviste que rendirte. Supongo que mi amor por ti no iba a acabarse pronto. Supongo que soy muy terca y supongo que se suponía que así debía ser. Somos felices, lo sé porque me lo dices, por el destello en tus ojitos cuando llegamos a casa al final del día y porque no te importa todo el humo en la cocina cuando intento hacer la cena y quemo las ollas. "Un día vamos a explotar" dices riendo, "de felicidad" te respondo y cubro tu sonrisa con un beso.

No te cambiaría por nada, no me cambiaría por nadie. Así es perfecto, como los domingos de sentarnos frente al lago cada una con un libro entre las manos, o nuestros bailes improvisados si tropezamos por la casa, o tus brazos rodeándome al dormir, o como tú. Todo es perfecto como tú.

Ha pasado tanto tiempo, tantos años... y me gustaría decir que irán juntando siglos. El tiempo nos fue cambiando. cambió el color de nuestro cabello y también nuestra piel. Nuestros pasos se hicieron más lentos pero continuamos caminando una al lado de la otra. Hoy estamos juntas bajo la lluvia, miro hacia atrás y no puedo estar más feliz de haberte esperado, de compartir la vida contigo. Y a pesar de estar aquí para dejar un ramo de flores sobre la fría lápida que hoy guarda tus huesos, estoy tranquila porque sé que ahora eres tú quien me espera. Antes de irte lo dijiste... que tenías que marcharte primero porque ahora era turno de esperarme.

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