(6 de Septiembre 2013)
Recordé... recordé lo que era mirar tus ojos y sentir vértigo, cuando me hablabas despacito y yo me sentía líquida, lo que hacía involuntariamente si te escuchaba reír, te acompañaba por supuesto, ¿Qué otra cosa podía hacer? Si tu risa es la enfermedad más contagiosa del mundo.
Regresé... regresé a las tardes de hacer nada, cuando mi cama nos hacía infinitas mientras nos (re)creábamos después de habernos destruido de la forma más hermosa. Porque si, era destructiva la forma en que nos besábamos y nuestras caricias... nuestros cuerpos juntos se destruían, se gastaban, se rompían, se doblaban, caían, se acoplaban en formas imposibles. Nos descubríamos rincones, recovecos y atajos a la locura momentánea y perfecta.Tú sobre mi o yo sobre ti, pero ambas cargando siempre el peso de la otra. Nos matábamos a besos, mordiscos y suspiros. Brillábamos tanto que si alguien nos miraba le hubiesen llorado los ojos.
Añoré... añoré tus brazos rodeando mi cintura y yo en medio embelesada, contado los dos milímetros que separaban nuestras bocas, mientras tus manos trepaban por mi espalda. Después resbalaban y caían peligrosamente, siempre sabían dónde detenerse por mi culpa, porque yo me delataba.
Tropecé... tropecé contigo andando por nuestra calle, esa que recorrimos de la mano y entre besos. Marcamos cada esquina con uno,¿recuerdas?, dijiste que ese sería nuestro territorio. Y ahora... ahora que te veo no sé si acercarme o huir. Ya es tarde, sé que me viste y por un momento tus pasos se detuvieron. Mis pies sin pedir permiso van a hacia ti. Te miro, aún estás lejos y no sé si llorar o alegrarme, si sufrirte o abrazarte, si decirte que te extrañé o mentirte y decir que te olvidé. Pero mientras decidía
Desperté...
Regresé... regresé a las tardes de hacer nada, cuando mi cama nos hacía infinitas mientras nos (re)creábamos después de habernos destruido de la forma más hermosa. Porque si, era destructiva la forma en que nos besábamos y nuestras caricias... nuestros cuerpos juntos se destruían, se gastaban, se rompían, se doblaban, caían, se acoplaban en formas imposibles. Nos descubríamos rincones, recovecos y atajos a la locura momentánea y perfecta.Tú sobre mi o yo sobre ti, pero ambas cargando siempre el peso de la otra. Nos matábamos a besos, mordiscos y suspiros. Brillábamos tanto que si alguien nos miraba le hubiesen llorado los ojos.
Añoré... añoré tus brazos rodeando mi cintura y yo en medio embelesada, contado los dos milímetros que separaban nuestras bocas, mientras tus manos trepaban por mi espalda. Después resbalaban y caían peligrosamente, siempre sabían dónde detenerse por mi culpa, porque yo me delataba.
Tropecé... tropecé contigo andando por nuestra calle, esa que recorrimos de la mano y entre besos. Marcamos cada esquina con uno,¿recuerdas?, dijiste que ese sería nuestro territorio. Y ahora... ahora que te veo no sé si acercarme o huir. Ya es tarde, sé que me viste y por un momento tus pasos se detuvieron. Mis pies sin pedir permiso van a hacia ti. Te miro, aún estás lejos y no sé si llorar o alegrarme, si sufrirte o abrazarte, si decirte que te extrañé o mentirte y decir que te olvidé. Pero mientras decidía
Desperté...
No hay comentarios:
Publicar un comentario