Fue dejar de respirarte e instantáneamente dejar de ahogarme. Dejar de mirarte y comenzar a ver claro, sin lágrimas en mis ojos. Todo era de un verde bonito y antes sólo veía gris. No me mires de esa forma tan extraña, no puede ser que te sorprendas de saber que me dañabas. No digas nada, no te excuses, no te culpo, al fin y al cabo yo decidí quedarme. No me pidas que calle porque duele, tú me doliste durante tanto tiempo que ya no hay forma de que olvide cómo es que alguien te duela. No te alejes en silencio enmudeciendo mis palabras, escúchame porque me lo merezco, me lo he ganado a pulso de lágrimas y agonías, no exagero, no sabes lo que es caminar arrastrando un par de alas rotas mientras haces malabares con un cuerpo desarmado para que no termine de romperse; respirar y aún así sentir vacíos los pulmones y que tu corazón se niegue a darte un latido más del necesario. No te escudes tras palabras hirientes, que ya me has regalado muchas y no caben más en ese sitio en que las guardo, pues no creas que se pierden después de salir de tu boca, las necesito para recordarme por qué no debo intentar jamás volver a amarte y no te tapes los oídos que la voz de lo escrito grita fuerte. No trates de limpiar tus culpas con uno de tus abrazos rotos, dejaron de importarme en alguna puesta de sol o de luna, no recuerdo. No llores, que en eso diferimos, yo prefiero que ninguna de tus lágrimas sea para mí. No cierres los ojos así, tan impaciente, que te di más tiempo del que merecías. No bajes los brazos admitiendo tu derrota, porque me haces recordar la última vez que te vi hacerlo, cuando te rendiste y dejaste de luchar por mí, por nosotras, me dejaste remando sola y después nuestra barca comenzó a girar en círculos hasta formar bajo sí misma un remolino que se la tragó entera y por un tiempo a mí con ella. Tú saltaste justo a tiempo como siempre. No me mientas diciendo que también fue duro para ti, te vi caer y levantarte antes de tocar el suelo. Renaciste del punto justo en el que me mataste. Y no, detente, no te vayas, que ahora... es mi turno de hacerlo.
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