miércoles, 11 de diciembre de 2013

A ti que aún no llegas


Cada minuto te busco aunque sé que todavía no llegas, en las miradas de los transeúntes inocentes o no que se me cruzan en la calle, me pregunto si estás allí mientras me devuelven la mirada con curiosidad, pensarán que estoy loca quizás, pero yo solo intento encontrarte. 

A veces veo destellos de cómo me gustaría que fueras, a menudo en la mirada sabia y cansada de alguna anciana, con más frecuencia en las sonrisas de los niños, también en las miradas de colores porque para mí tienen un no sé qué, algo que me hace débil.

Nunca te he visto en mujeres despampanantes, porque debes ser más bien alguien que pase desapercibida, que sólo te note quién sepa mirarte, quién preste atención. Así que siempre estoy atenta, porque cualquier día puede ser el día.

Te busco hasta en el bolsillo roto de mi chaqueta, en los rostros fugaces de ventanillas de buses, a ratos incluso se acompañan de historias, siempre se me ha dado fácil imaginar, y es así como la niña que camina con prisa mientras se ajusta las gafas, de pronto se detiene y me invita un café, o la que toca la guitarra sentada en la acera, de repente dice mi nombre en su canción y entonces la invito a salir. Podría seguir por horas contándote las mil maneras en qué te he conocido, las cien formas que has tenido y nuestras quinientas primeras citas. 



Y es verdad que te busco, pero no con ansias de encontrarte, porque quiero más bien que me encuentres. Que llegues como un terremoto a agitar mi ordenado mundo, cómo un río que se desborde dentro de mi pecho y me haga ancho el corazón, que lo golpeé sin romperlo y que lo llene de latidos con sentido.

Puedes llegar como un veneno que me devuelva a la vida, que se meta entre mis venas y haga que mi sangre hierva. Colápsame. Tráeme un poco de caos y locura, róbame risas y, ¿porqué no?, también un par de lágrimas. Llega como quieras a quererme como soy, enséñame a ser junto a ti.

Saca tu paraguas y cúbreme de la lluvia, o mójate conmigo si quieres, saltemos en los charcos, ensuciemos nuestros pies, hagamos que el mundo pare si coinciden nuestras miradas. Tengo más propuestas como esas, invitaciones a cazar sueños con redes para mariposas, y puedo besarte si se nos escapa alguno, te besaré aunque los atrapemos todos. Te amaré sin darme cuenta y cuando lo note no intentaré huir, para ese momento me amarás también y ambas querremos seguir girando en sentido contrario a los relojes, para que el tiempo se confunda y no vaya con prisa hacia adelante.

Ayúdame a hacer la burbuja más grande del mundo, irrompible, y luego metámonos dentro cada vez que queramos aislarnos del desastre vital, el aire viciado y las miradas maliciosas que no entienden que el amor es lo que es y no hace daño a nadie. Sé que me vas a enseñar también que el amor es recurso inagotable renovable, que borrarás las huellas en zig zag errático que han dejado a su paso quienes no supieron caminar conmigo, ni detrás, ni delante y menos aún a mi lado. Sé que querré seguirte hasta el mismísimo confín del mundo si es que ha de existir y que en todo el camino no vas a soltar mi mano.

No sé cómo voy a saber que tú eres tú y supongo que voy a errar un par de veces hasta encontrarte, porque habrá gente que se disfrazará de ti y vestirá tus palabras, encuéntrame y sálvame si eso pasa. No tengas piedad y arrástrame entre infiernos, purgatorios y cielos. Porque eres sólo una entre miles de personas esparcidas en millares de ciudades que ahora duermen mientras yo sueño contigo.

Y estas letras anticipadas son para que sepas que sé que cualquier día será el día en que vas a encontrarme.

¡NO!

Fue dejar de respirarte e instantáneamente dejar de ahogarme. Dejar de mirarte y comenzar a ver claro, sin lágrimas en mis ojos. Todo era de un verde bonito y antes sólo veía gris. No me mires de esa forma tan extraña, no puede ser que te sorprendas de saber que me dañabas. No digas nada, no te excuses, no te culpo, al fin y al cabo yo decidí quedarme. No me pidas que calle porque duele, tú me doliste durante tanto tiempo que ya no hay forma de que olvide cómo es que alguien te duela. No te alejes en silencio enmudeciendo mis palabras, escúchame porque me lo merezco, me lo he ganado a pulso de lágrimas y agonías, no exagero, no sabes lo que es caminar arrastrando un par de alas rotas mientras haces malabares con un cuerpo desarmado para que no termine de romperse; respirar y aún así sentir vacíos los pulmones y que tu corazón se niegue a darte un latido más del necesario. No te escudes tras palabras hirientes, que ya me has regalado muchas y no caben más en ese sitio en que las guardo, pues no creas que se pierden después de salir de tu boca, las necesito para recordarme por qué no debo intentar jamás volver a amarte y no te tapes los oídos que la voz de lo escrito grita fuerte. No trates de limpiar tus culpas con uno de tus abrazos rotos, dejaron de importarme en alguna puesta de sol o de luna, no recuerdo. No llores, que en eso diferimos, yo prefiero que ninguna de tus lágrimas sea para mí. No cierres los ojos así, tan impaciente, que te di más tiempo del que merecías. No bajes los brazos admitiendo tu derrota, porque me haces recordar la última vez que te vi hacerlo, cuando te rendiste y dejaste de luchar por mí, por nosotras, me dejaste remando sola y después nuestra barca comenzó a girar en círculos hasta formar bajo sí misma un remolino que se la tragó entera y por un tiempo a mí con ella. Tú saltaste justo a tiempo como siempre. No me mientas diciendo que también fue duro para ti, te vi caer y levantarte antes de tocar el suelo. Renaciste del punto justo en el que me mataste. Y no, detente, no te vayas, que ahora... es mi turno de hacerlo.

Máscara

Hay tantas cosas que no sabes de mí. No sabes que te escribo, ni siquiera sabes que escribo. Ni que a veces me odio por no poder contarte toda mi verdad y cuando te tengo al lado ese odio crece. Ignoras las veces que el valor me ha durado hasta que me miras o hasta el segundo tono después de marcar tu número, mis mil ensayos guardados bajo la alfombra con el polvo, el temblor de mis rodillas cuando me he sentido expuesta. Es ridículo, quiero tanto que lo sepas que no sé cómo decírtelo. Era más fácil cuando lo sabías todo sin que te lo dijera. Cómo me hice tal o cuál cicatriz e incluso si dolió mucho o no, cuántas vacunas me han puesto, cuántas visitas al médico, lo que quería ser de grande y que, ya ves, nunca lo fui. Mis comidas favoritas y las que tenías que darme a la fuerza, qué juguetes quería para navidad, dónde me escondía cuando no quería peinarme. Solía creer que tenías un super poder para saberlo todo.

Ahora solo tienes un esbozo de quien soy y los huecos los rellenas a tu antojo con quien te gustaría que fuera. Eliges los colores y me pintas, sin saber que ya estoy pintada de arcoiris. La frase ha muerto veces infinitas en mi boca y otras muchas se ha quedado colgando de mis labios. No sé a qué le tengo miedo, supongo que a decepcionarte, pero es algo tan inevitable que la única "questión" es ¿cuándo?. Tampoco sabes de mí cuánto te amo, porque esa frase también ha muerto entre mis dientes.

Algún día, mamá, dejaré caer la máscara... y lo sabrás.

Olvidarte

Tendré que olvidarte de nuevo, tendré que olvidarte ahora y después después. Te he olvidado tanto que ya no sé cómo te recuerdo. Te olvidé ayer, mañana y el mes pasado. Te olvidé hace un año cuando me dijiste adiós mientras corrí tras de ti. Te olvidé en el tren del viaje que nunca hicimos juntas y te olvidé tanto que me juré que jamás volvería a recordarte. 

Te olvidé cada domingo que pasé sin ti, cada madrugada que desperté sola. Notaba tu ausencia, es cierto, pero ¿no era eso parte del olvido?, te olvidé, estoy segura. Siempre estoy segura hasta que te vuelvo a ver y entonces... tengo que olvidarte de nuevo, tengo que olvidarte otra vez.

¿Qué fue?


En ti dejé escondidos mil retazos de mi tiempo, te regalé noches de desvelo y días enteros en los que traté de ser lo que necesitabas. Aún no sé en que momento se volvió tan difícil, antes había sido tan fácil que casi estuve convencida de que había nacido para ti, era tan fácil hacerte feliz y serlo contigo también. 

Algo cambió, al principio no supe qué y nunca supe cuándo ni por qué, supongo que la vida es así, que hay un tiempo para todo y el nuestro se acabó. Nos desgastamos, nos fue calando un frío que al final trajo consigo un invierno que acabó por convertirnos en témpanos de hielo, sobretodo a ti porque yo debo admitir que cuando me mirabas me seguía derritiendo. 

Es tanto el tiempo que ha corrido entre nosotras, deprisa, implacable, barriendo con todo lo que iba quedando menos con un par de recuerdos que dejan un halo fúnebre cuando los evoco o debo decir invoco, porque son como fantasmas. Van perdiendo nitidez, ¿entiendes?, vas perdiendo nitidez. 

Sueles venir a mí en los días grises, bien nublados, con lluvia o sin ella. Eran nuestros favoritos. Siguen siendo los míos aunque se empañen con tus recuerdos, sobretodo cuando nadie ocupa tu lugar en mi colchón. Dejé de llorar por ti hace tiempo, pero aún de vez en cuando lloro lo que fue o mejor dicho lo que no fue. Y le pregunto a la vida dónde estuvo el error pero es mentirosa y esquiva como tú. 

¿Qué pasará por tu mente si piensas en mi?. Si te pregunto me mentirías, o quizás no, pero me darías una verdad tan cruda que rompería el par de trozos que dejaste intactos y no quiero romperme más por ti. En todo final alguien cae parado y otro queda en el suelo, ¿para qué vamos a preguntar qué pasó aquí?, si estas letras para ti llevan consigo la evidencia. 

Lo más difícil no fue perderte, fue darme por vencida, dejar de hablar en plural. Estaba tan acostumbrada a pensar en todo de a dos. También fue difícil dejar de hablarte en las noches cuando dormir sola aún me asustaba y dejar de llamarte "amor" cuando lo hacía, dejar de llamarte "amor" en mi cabeza cuando te volvía a ver y dejar de hacer ese tonto movimiento, algo a mitad de camino entre un roce casual y una caricia, nunca lo notaste porque me obligaba a retirar la mano a un centímetro de tu espalda, para qué hablar del beso en la mejilla y mis ganas de girar la cara hasta tropezar con tus labios, ¿nunca notaste esa lucha interna?, si al final todo contigo fue y ha sido lucha. 

Me rendí en algún punto y pude respirar de nuevo, ahora soy otra y tú desde hace mucho también. Te ves tan diferente, ya no me dan ganas de morirme por no tenerte, ni me parece que todo se fue contigo. No me malinterpretes, sigues tan hermosa como siempre, quizás incluso un poco más, pero ahora veo en ti otra cosa, dejó de doler y dejé de necesitar que me ames. Se siente bien. Si no fuera por esos días grises tan llenos de recuerdos y contradicciones...

Supongo que algún día eso también se irá, igual que se ha ido todo, igual que hiciste tú.