Como si el
amor no fuese por sí solo complicado, nos toca a algunos pocos afortunados (o
no) enamorarnos de una manera que la mayoría de la sociedad encuentra “antinatural”,
“viciosa”, “un pecado ante los ojos del dios de cualquier religión” y una larga
lista de etcéteras (blah blah, blah) , por decir algo suave. Pero a la mierda
la sociedad, ¿acaso importa que gran parte del mundo esté en contra?... No, ¿cierto?.
El problema viene cuando tú mundo piensa así. Tu familia, amigos, la gente que
te rodea. Cuando sientes que si en tu casa se enteran el único que te seguirá viendo
y aceptando tal cual eres es tu perro, ahí es cuando estamos mal.
Y tú no sabe como explicarles que no te hiciste gay, que quizás es cierto que
un día te dormiste pensando que eras hétero y al día siguiente despertaste
sabiendo que eras gay (probablemente un cuerpo a tu lado daba prueba fehaciente
de ello – O debería decir lindhaciente?, porque eso de fea suena mal- ) pero no
te “volviste” gay. No sabes como contarles que igual te frikiaste, que te
cagaste de susto, que quisiste correr, huir y salvarte porque sabías que lo que
se venía no era fácil, que seguramente te costó un montón respirar y decirte a
ti mismo “ok, soy gay lo admito” y no hablemos de asumirlo, esa mierda sí que cuesta,
pero no es tu culpa, no… Es culpa de los cuentos de hadas tipo Disney (si,
tengo algo en contra de los cuentos de hadas… Ok, pero igual los amo) y es que
si creces viendo a la princesa ser salvada del dragón por el príncipe que llega
en un corcel blanco, ser salvada del sueño eterno por un beso del príncipe, ser
rescatada de una torre, etc, etc… Cómo no vas a pasarte la vida creyéndote princesa
y esperando a tu príncipe (nadie se libra de besar unos cuantos sapos en el
camino, hay que decirlo) y como si no fuera ya difícil lo de encontrar un príncipe,
te hacen pensar que debe ser azul (osea, podía ser más jodido?) Y bueno, los
chicos se pasan la vida buscando princesas en “peligro”, algunos eligen ser el dragón
(también hay que decirlo) pero lo peor, lo peor de todo, lo que está hecho para
joder la psiquis de cualquiera (sin distinción sexual) es la frase final, la
puta frase final: “Y vivieron felices para siempre”, esa frase te caga la vida
porque dejas de vivirla plenamente y te enfocas en poner esa frase en tu
historia. (La mayoría de nosotros… Aclaro porque ya aprendí que es malo
generalizar)
En fin, no habría tanto problema si de vez en
cuando la princesa pasara del príncipe (azul?) y se quedara con la hermana del
susodicho, o que el príncipe se quedara con el dragón (ok no, esos cruces
extraños solo se ven en shrek donde después andan burros con alas volando por
ahí y te paras a pensar “¿Cómo hizo el burro para embarazar a la dragona?, ¿Si
tienen sexo oral al burro se le chamusca su cosita?” se convierten en misterios
del mundo, en serio, googlealo si no me crees) desviación total del tema. Igual
lo más parecido que hemos tenido es Mulán, que al menos fue travesti por un
rato.
Desde pequeñito te muestran que el deber ser es
la princesa con su príncipe, osea, el hombre con la mujer, el burro con la
dragona, como sea, pero siempre es un "él" con una "la", no puedes escapar de eso,
porque la historia comienza con tus padres y sigue con la tele, los cuentos, el cine… la
vida diaria. Porque a pesar de que existen otro tipo de parejas, lo descubres
después cuando creces un poco, cuando puedes mirar por ti mismo, o cuando tu
mamá comparte contigo los cuentos del barrio, no sin un tono de veto y horror
en su voz porque la fulanita se acuesta con perenceja, tú en ese momento no
sabes si compartir su horror o asustarte por la imagen mental que te invade.
Descubres que hay otras alternativas, pero la mayoría de las veces es demasiado
tarde y ya estás infectado con el bicho de lo que “debe ser”, lo “aceptable”, “tu
familia”, “la sociedad”, “Disney”… Y cuando te das cuenta de que no quieres un
romeo sino una Julieta (como dice una linda canción por ahí… por aquí http://www.youtube.com/watch?v=gosKTKZuCsM ) no
puedes menos que cagarte de susto, renegar de tus sentimientos, llorar, sentir
que defraudaste a tu familia y a Disney que tanto esfuerzo pusieron en criarte “bien”,
y no sabes que hacer… Hasta que te das cuenta de que “puta que se pasa bien”, “soy
tan feliz cuando estoy con ella”, “¿qué onda mi corazón? ¡Se quiere salir!” y
vas descubriendo que vale caca todo lo que creiste hasta ese momento, que pesa
más lo que sientes, que estabas buscando el final feliz (quizás no para siempre
pero feliz igual) en el cuento equivocado, porque en tú cuento no existen príncipes
(o princesas en el cuento de los amigos) y dejas de besar sapos y comienzas a
besar ranas, y cambias el azul del príncipe por un tono más rosado, todo cambia,
la vida cambia y tú dejas de pensar en resto para pensar más en ti. Comienzas a ser un poco más feliz.
Pero entonces te enfrentas a otra dificultad…
¿Cuándo y cómo salir de Narnia? (del closet, del armario, de la bruja y el
ropero… se entiende) Eso es otra cosa, otro tema, otra entrada en este blog…
Nos vemos después porque ya me fui.
Nos vemos después porque ya me fui.